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Oaxaca, entre la propaganda de Saymi Pineda y la rapacidad de la Vallistocracia hotelera

Remignton /Disruptivo Mx

Hay una diferencia abismal entre organizar un mitin político y diseñar la política turística de un estado que tiene como una de sus principales fuentes de ingresos esta actividad económica.

Pero hoy, esa frontera se volvió invisible, mientras desde las redes sociales de la Sectur estatal nos venden que la Guelaguetza rompe récords y que los números se disparan en hojas de cálculo sonrientes, en las calles de la capital, en los restaurantes del centro y en los vestíbulos de los hoteles tradicionales se respira una realidad muy distinta: un vacío helado.

Quitándole lo clacista a las declaraciones vertidas por el presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Oaxaca (AMHMO), José Luis Bustamante del Valle – en otros tiempos funcionario público de los gobiernos de José Murat y Gabino Cué-, los dichos demuestran el desencuentro entre el sector empresarial y el gobierno del estado.

La Secretaría de Turismo del Estado, encabezada por la ex alcaldesa de San Pedro Pochutla, Saymi Pineda Velasco, ha transformado una dependencia estratégica en una agencia de eventos con tintes de plataforma electoral.

Hay algarabía, sí; hay fotos en redes sociales, miles; pero no hay estrategia, pero para entender esto se necesita visión de mercado, no mirar la institución como un trampolín político.

El gran problema de la Sectur en esta administración es que fue concebida como un premio de consolación o una rampa de despegue político, no como un gabinete técnico.

Saymi Pineda llegó a la dependencia con la inercia de la grilla municipalista de Pochutla, trasladando la lógica del reparto y la tarima a un sector que compite globalmente.

¿Dónde está la estrategia de marca destino a nivel internacional? ¿Dónde está el plan de contención para aumentar la pernocta promedio, que sigue estancada en un suspiro de dos noches? ¿Dónde está la inteligencia de mercados para atraer turismo europeo, asiático o norteamericano fuera de las temporadas altas obligadas como Todos Santos o julio, mes de la Guelaguetza? Y también, ¿dónde están las estrategias para evitar el desplazamiento de las personas que habitan la ciudad de Oaxaca y otros destinos turísticos?

No existen, pero  lo que sí hay es improvisación y la terca costumbre de confundir organizar convites con hacer turismo.

Eso por una parte, y por otra, la rapacidad de las y los empresarios hoteleros (conocidos de años de la Vallistocracia, intolerantes y explotadores) que se ofenden porque los connacionales no pueden pagar sus tarifas altísimas por habitación por noche.

Aquellos que creen que el turismo debe llegar a sus negocios por el simple hecho de autonombrarse “hotel boutique”, sin realizar ni siquiera promoción a través de las redes sociales, porque claro, no quieren gastar un peso más de sus bolsillos.

Porque tampoco el empresariado oaxaqueño del sector turístico han entendio que viajar y conocer es derecho de todas las personas, que hay competencia que antes no existía como esta famosa plataforma de hospedaje y que si quieren sobrevivir, tienen que adapatarse.

Así que los Ugartechea, los Rodríguez, los Holme venidos a menos, los Bustamante y esas históricas familias hoteleras deberán esforzarse más o generar sus propias dinámicas para volver a ganarse la preferencia del turismo nacional y extranjero.

Oaxaca tiene todo para ser la joya de la corona turística de América Latina, tiene la historia, las manos de sus artesanos, la magia de sus cocineras y la riqueza de sus ocho regiones, lo que le falta es profesionalismo al frente de una dependencia estratégica, y también, legislaciones que permitan la convivencia sana entre locales y turistas, precios justos, equilibrios y una nueva forma de entender esta actividad económica.

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