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El desencanto de la Presidenta

*Referentes hacen evidentes sus diferencias políticas durante gira presidencial de tres días por Oaxaca

Remington / Disruptivo Mx

Tres días estuvo Claudia Sheinbaum en Oaxaca y  fueron suficientes para confirmar que el mayor problema de Morena no se llama oposición, sino Morena.

Porque mientras la Presidenta hablaba de modernización de carreteras, hospitales, bienestar y desarrollo, en las primeras filas otros andaban ocupados en un deporte muy oaxaqueño: contar quién aplaudía, quién silbaba y quién estaba operando a quién, en otras palabras; la grilla.

El primer sobresalto llegó cuando apareció el ex gobernador Alejandro Murat y  como si alguien hubiera dado la señal, comenzaron los abucheos.

Nada extraordinario, todo conforme al viejo manual priista, pero ahora marrón, lo inesperado vino segundos después, cuando Claudia Sheinbaum Pardo, decidió hacer exactamente lo contrario de lo que esperaban algunos organizadores del linchamiento político.

Lo defendió.

Y no fue una defensa improvisada, pues recordó su trabajo en favor de los migrantes y reconoció acciones en beneficio de la llamada Cuarta Transformación, dicen que hubo más de un rostro largo entre quienes ya habían preparado el veredicto.

Antes de arrancar con su discurso, la Presidenta les movió el tablero, pero si el libreto se rompió con Murat, terminó por hacerse pedazos cuando comenzaron los abucheos contra Salomón Jara en otra sede.

Una rechifla puede ser espontánea, dos pueden ser coincidencia, pero tres días consecutivos ya son estrategia.

Y cuando las estrategias aparecen en una gira presidencial, alguien está enviando mensajes, la pregunta no es quién gritó, la pregunta es quién necesitaba que se escuchara, porque en Oaxaca hasta los silencios tienen operador político.

Mientras unos buscaban medir el volumen de los abucheos, otros ya estaban haciendo cuentas rumbo al 2027.

Ahí está el verdadero elefante en el salón, porque todavía no inicia el proceso electoral y varios ya se sienten candidatos, coordinadores de campaña, futuros secretarios de Gobierno o hasta gobernadores en funciones… aunque el calendario diga otra cosa.

La fiebre sucesoria es una enfermedad que en Oaxaca aparece dos años antes de cada elección y  Morena no desarrolló anticuerpos.

Al contrario, los llamados «referentes» del movimiento parecen convencidos de que la mejor manera de crecer es serruchando el piso del compañero.

Si uno levanta la mano, el otro organiza una campaña mediática en su contra, si otro aparece en una fotografía, el vecino manda filtrar versiones, si otro más gana simpatías, el otro desempolva expedientes.

La oposición no  necesita dar conferencias de prensa o saturar las redes, con comprar palomitas le basta.

Por eso no pasó inadvertida la aparición casi clandestina de Ariadna Montiel, pues llegó, saludó, se reunió, sonrió para la foto y desapareció.

Una visita tan breve que hasta parecía operativo quirúrgico, en los cafés, comederos y cuentan que no vino únicamente a saludar, vino a recordar algo elemental: cuando la Presidenta está de gira, el espectáculo debe estar arriba del templete… no abajo.

Porque una cosa es la competencia interna, otra muy distinta es convertir cada evento presidencial en una demostración de músculo entre tribus y en Oaxaca ya nadie disimula.

Todos hablan de unidad, mientras afilan el cuchillo, lo curioso es que Claudia Sheinbaum pareció entender muy rápido el ambiente.

Escuchó más de lo que habló, observó más de lo que sonrió, y como buena científica, seguramente fue tomando nota de cada reacción, porque una Presidenta puede ignorar un discurso, pero lo que nunca ignora es un abucheo, mucho menos cuando se repite.

Al final, la gira dejó una enseñanza que debería preocupar más en Morena que en la oposición, no hubo un solo adversario capaz de poner en aprietos a la Cuarta Transformación, no hizo falta.

Los morenistas están demostrando una capacidad admirable para complicarse solos, la pelea ya no es por defender el proyecto, hoy es por administrar la herencia y como lo sabemos todos eso suele terminar muy mal.

Dicen los viejos operadores que el poder no divide, el poder revela y la gira presidencial por Oaxaca confirmó que bajo la pintura guinda siguen existiendo demasiados colores, incluidas ligas con personajes del pasado, demasiadas vanidades, demasiados generales y muy pocos soldados.

Algo quedo claro, el verdadero mensaje no salió del micrófono presidencial, sino de los abucheos, pero esos que algunos quisieron vender como espontáneos, pero que en Oaxaca tienen la mala costumbre de llegar con logística, horario… y hasta responsable de operación.

La sucesión de 2028 todavía no empieza, pero el canibalismo político ya lleva varios meses en campaña.

Y hay un detalle que más de uno parece olvidar, mientras todos se pelean por la silla, la que reparte las invitaciones sigue sentada en Palacio Nacional.

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