*El viejo PRI busca refugio en el Partido Verde rumbo al 2027
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En la política oaxaqueña, el arte del camuflaje no conoce de vergüenzas.
El pragmatismo más cínico nos ha enseñado que los colores partidistas son simples trajes de temporada y que las ideologías se evaporan en cuanto se pierde el acceso al presupuesto.
El más reciente ejemplo de esta mutación zoológica lo encabeza el ahora diputado federal por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Alejandro Avilés Álvarez.
El infatigable «Triple A», cuya escuela política se consolidó bajo el cobijo del PRI más tradicional, reapareció recientemente en la escena local. ¿El motivo?.
Una reunión cumbre con un ramillete de notables exdirigentes y exfuncionarios quienes renunciaron al partido tricolor.
El objetivo formal es «organizarse y dar la pelea» de cara al proceso electoral de 2027, año en el que Oaxaca renovará presidencias municipales, diputaciones locales y el Congreso federal.
El objetivo real, sin embargo, es la supervivencia de un grupo político que se resiste a la jubilación y busca en el plumaje del tucán (PVEM) el blindaje que el logotipo de la Revolución Institucional ya no les puede garantizar.
A la mesa de Avilés se sentaron personajes de la vieja guardia: Jorge Toledo Luis, Javier Villacaña Jiménez y David Mayrén Carrasco, entre otros náufragos del priismo.
A primera vista, el Partido Verde podría presumir que está sumando «experiencia» y «cuadros con arraigo territorial».
Pero si rascamos un poco la pintura verde, lo que encontramos es el peso muerto de un pasado que la ciudadanía oaxaqueña ha castigado una y otra vez en las urnas.

Un inventario de sexenios oscuros
El gran talón de Aquiles de esta nueva «alianza ecologista» no es su falta de estructura, sino el enorme lastre histórico que arrastran sus integrantes.
Los actores reunidos no son caras nuevas; son los rostros operativos, los exsecretarios y los operadores de primer nivel de las administraciones estatales más polémicas de las últimas décadas en Oaxaca: las de José Murat Casab, Ulises Ruiz Ortiz y Alejandro Murat Hinojosa.
Javier Villacaña, exalcalde capitalino y exdirigente del PRI, carga con el desgaste de haber capitaneado un barco en pleno hundimiento y de operar en administraciones cuestionadas por su opacidad financiera.
Jorge Toledo Luis, con su larga trayectoria en la región del Istmo y Oaxaca, representa a esa estructura caciquil que condicionaba el desarrollo regional a la lealtad del PRI.
David Mayrén, eterno operador de las dependencias de infraestructura, simboliza los sexenios donde el asfalto y la obra pública siempre estuvieron bajo la sospecha del diezmo y el compadrazgo.
¿Cómo van a pararse estos personajes frente a los ciudadanos en 2027 a predicar una «transformación verde» o un «cambio verdadero»?.
La sola presencia de este grupo evoca los años de la represión del 2006, las promesas incumplidas del sexenio pasado y las deudas históricas que dejaron a Oaxaca sumido en el rezago.
No hay propuesta ecologista que pueda tapar el olor a naftalina de este bloque.
El Verde como el nuevo depósito de chatarra política
El Partido Verde ha perfeccionado a nivel nacional y estatal su rol de «franquicia de auxilio».
Funciona como un eficaz purgatorio político: si estás en el PRI o en el PAN y tu marca ya está muerta, te pones un chaleco verde, te sumas como aliado satélite del oficialismo y, automáticamente, tus pecados quedan perdonados ante los ojos del poder.
Sin embargo, el electorado oaxaqueño de 2026 y 2027 ya no es el de antes.
La ciudadanía cuenta con mayor memoria histórica y acceso a la información.
El intento de Alejandro Avilés por reciclar al «Murasaurio» y presentarlo como una alternativa fresca de izquierda o ecologista es un insulto a la inteligencia del votante.
Organizarse para el 2027 es un derecho legítimo de cualquier actor político.
Pero pretender ganar la confianza del pueblo utilizando los mismos nombres que saquearon, endeudaron y abandonaron las instituciones de Oaxaca durante los gobiernos de los Murat y de Ulises Ruiz es una apuesta condenada al fracaso.
El Partido Verde puede cambiar de logotipo y llenar las calles de espectaculares con tucanes, pero mientras sus candidatos sigan siendo los mismos artífices del viejo régimen, el supuesto «terremoto» que pretenden armar no pasará de ser un mero espejismo de cantina. Al tiempo.












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