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La política del selfie: errores, excesos y frivolidad en las redes del poder oaxaqueño

Remington/ Opinión/ DisruptivoMx

Las redes sociales se han convertido en los escaparates favoritos de las y los políticos oaxaqueños para hacer visibles y aparentar cercanía. En un intento, a veces desesperado, por “hacer match” con la ciudadanía, exhiben sus actividades más cotidianas: rutinas de ejercicio, desayunos de memelas en Palacio de Gobierno, viajes y hasta acoso.

Las cuentas en redes sociales del funcionariado en Oaxaca son una mezcla amorfa de actividades públicas, promoción política, vida personal y, en algunos casos, conductas que rayan en el machismo extremo. Nada parece detenerlos: ni sus propios errores ni los desaciertos de sus compañeros.

Las metidas de pata

En 2020, Flavio Sosa, actual secretario de Cultura, publicó en la entonces red Twitter una fotografía en la que se observaban las piernas de una mujer en el transporte público. El hecho fue denunciado por mujeres feministas como un acto de acoso callejero.

Los intentos posteriores por justificar lo injustificable resultaron fallidos ante una sociedad cada vez más consciente que este tipo de conductas son inaceptables.

En otro episodio de desconexión política, Raymundo Chagoya, presidente municipal de Oaxaca de Juárez, publicó este 8 de febrero de 2026 una serie de fotografías practicando yoga. El gesto ocurrió después de la derrota en la capital durante la consulta de revocación de mandato y fue interpretado como un intento por reconectar con el electorado, uno bastante torpe y, para muchos, desesperado.

Las imágenes fueron difundidas en la misma página de Facebook donde el edil informa sobre las actividades oficiales del ayuntamiento. La crítica no se hizo esperar: mientras la ciudad enfrenta problemas graves de inseguridad y una creciente ola delictiva, el presidente municipal optó por proyectar una imagen de relajación personal. Además, la cuidada sesión fotográfica evidencia el uso de recursos propios de una oficina de comunicación social, es decir, dinero público destinado a promoción personal.

Los desaciertos no se limitan a la capital. El presidente municipal de Miahuatlán, César Figueroa, conocido como “El Chivo”, compartió el 11 de febrero imágenes de un desayuno de memelas en “la casa del pueblo” —Palacio de Gobierno—, específicamente en la oficina de la directora de Planeación para el Bienestar, Juanita Cruz.

Tras una posible llamada de atención, el munícipe ordenó retirar las fotografías, aunque el daño ya estaba hecho: la evidencia circulaba en redes.

Las imágenes de políticos ejercitándose se han vuelto parte del paisaje digital cotidiano. Algunos lo hacen con pants, otros con ajustadas mallas, como Héctor Pablo Ramírez, regidor del ayuntamiento capitalino, quien en el pasado fue director de Liconsa durante el gobierno priista de Enrique Peña Nieto.

Las redes sociales también funcionan como escaparate para los excesos de familiares de funcionarios. Ahí están las publicaciones de Kevin Tejada, hijo del director de la Policía Auxiliar Bancaria Industrial y Comercial, Alejandro Tejada, quien desde su cuenta de Instagram presumía camionetas de lujo y armas de asalto. Después del duro golpe mediático, el joven cerró su cuenta. Omitimos publicar las imágenes debido a la apología de la violencia.

A esta lista se suma Tania Barroso, esposa del dirigente de Morena, Emmanuel Navarro, quien compartió en Instagram imágenes de su reciente viaje a Disneyland. La exhibición de lujos provocó una ola de críticas dirigidas a su pareja, especialmente tras los pobres resultados obtenidos en la pasada consulta de revocación.

La frivolidad con la que políticos y sus familiares manejan sus redes sociales se ha convertido en un lastre para quienes toman decisiones públicas. Errores que cuestan credibilidad, generan señalamientos y alimentan el escarnio social. La pregunta queda en el aire: ¿el sentido común no alcanza para detenerse antes de exponer su vida privada —y los excesos— en el ciberespacio?

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