* Un día se viste con la casaca de Morena y al otro cambia al del PVEM; la deslealtad desmedida y pragmatismo por alcanzar la candidatura
Remington | Disruptivo Mx
En la política oaxaqueña, la congruencia suele ser la primera víctima cuando la ambición por el poder asoma la cabeza.
El caso del actual senador Luis Alfonso Silva Romo se ha convertido en el ejemplo de un pragmatismo sin freno: un personaje dispuesto a jugar en dos pistas paralelas, vistiendo un día el chaleco guinda de Morena y al siguiente la casaca verde del PVEM, con tal de asegurar su pase a la candidatura por la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez.

La víspera, el legislador presumió con bombo y platillo en sus plataformas digitales su registro formal ante el proceso interno de Morena para coordinar los trabajos municipales en defensa de la soberanía.
Sin embargo, la lealtad partidista dura poco cuando el cálculo político manda. Apenas unas horas después, Silva Romo reapareció rodeado por la plana mayor del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Oaxaca, portando orgulloso los colores ecologistas y dando señales inequívocas de que, si por el movimiento regenerador no resulta electo, buscará el cobijo del «tucán» para cumplir su meta personal.
El Senado como trampolín de conveniencia
Resulta cuestionable que, a solo dos años de haber asumido una posición de tan alta responsabilidad constitucional en el Senado de la República, el legislador ya ponga la mirada en el ayuntamiento capitalino.
La pregunta que muchos militantes y ciudadanos se hacen es simple: ¿se utiliza el escaño legislativo como un mero trampolín de conveniencia o verdaderamente hay un compromiso con la representación popular?
Esta estrategia de la «doble ficha» denota una desesperación política que rompe con los principios básicos de la propia Cuarta Transformación: no mentir, no robar y no traicionar. Jugar en dos bandos simultáneamente transmite un mensaje directo a la ciudadanía: lo importante no son los ideales de un proyecto de nación ni la identidad ideológica, sino amarrar a como diera lugar una candidatura.

Una contienda abigarrada donde nada está dicho
La maniobra de Silva Romo no ocurre en el vacío. La baraja de aspirantes a la candidatura en la capital oaxaqueña es amplia y diversa, integrada por perfiles que reclaman legitimidad, trayectoria territorial e institucional.
- Francisco Martínez Neri: Ex edil capitalino y ex diputado local y federal, con un peso político específico dentro de la izquierda tradicional al pasar del PRD a Morena.
- Raymundo Chagoya: Actual edil municipal que mantiene una relativa presencia y trabajo reciente en las agencias y colonias.
- Lizzeth Arroyo: Ex secretaria de las Mujeres del Comité Ejecutivo Estatal (CEE) de Morena, con mínima representación en la ciudad.
- Mariana Benítez Tiburcio: Actual diputada local, con trayectoria en la política estatal y nacional derivada de su larga militancia en el PRI.
- Aideé Reyes Soto: Diputada local, quien también ha levantado la mano para medirse en la contienda.
El veredicto final: La militancia no olvida
Frente a un abanico tan amplio de opciones, la definición de las candidaturas dependerá del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena. Nada está dicho y el escenario continúa completamente abierto.
El oportunismo de pretender «amarrar por dos lados» suele costar caro. La ciudadanía oaxaqueña y las bases fundadoras del movimiento evalúan no solo la popularidad en encuestas, sino el compromiso ético y la coherencia ideológica.
Quien pretende representar a la capital jugando a dos bandas como Silva Romo corre el riesgo de quedarse sin el respaldo de Morena, incomodar al Partido Verde y, lo que es peor, perder el respeto del electorado oaxaqueño, al saturar las calles con espectaculares y publicidad móvil en camiones, cuya estrategia imita Benítez Tiburcio y Reyes Soto.












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