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El campo de Oaxaca enfrenta un duro golpe: más de 400.000 hectáreas afectadas

*La falta de lluvias golpeó al maíz y al sorgo y afecta a unos 700.000 productores, muchos sin seguro para recuperar lo invertido durante el ciclo.

By Ana Pineda | AgroLatam 

La sequía está dejando una fuerte pérdida productiva y económica en Oaxaca, México, donde más de 400.000 hectáreas de maíz, sorgo y otros cultivos resultaron afectadas y alrededor de 700.000 productores sufren las consecuencias de la falta de lluvias. 

Los daños se concentran especialmente en la Costa, Sierra Sur, Mixteca y el Istmo de Tehuantepec y llegan después de que numerosos agricultores realizaran las inversiones del ciclo aprovechando las primeras precipitaciones de mayo. 

La situación es particularmente delicada entre quienes producen bajo temporal y no disponen de seguros para recuperar el capital perdido.

Un reporte difundido esta semana desde Oaxaca estima que las pérdidas directas de los agricultores oscilan entre 4.500 y 8.000 pesos mexicanos por hectárea, dependiendo del cultivo. 

Los productores habían desembolsado recursos en semillas, preparación del terreno, maquinaria y limpieza, pero la interrupción de las lluvias impidió completar normalmente el desarrollo de las plantas. 

En numerosos lotes de maíz, el déficit hídrico apareció precisamente cuando el cultivo necesitaba agua para avanzar hacia las etapas reproductivas.

La dimensión del problema también aparece reflejada en reportes recientes de organizaciones rurales. 

En Oaxaca, más del 93% de los cultivos de maíz de temporal habrían resultado siniestrados, mientras 35 municipios fueron reportados en condición de sequía y otros 145 como anormalmente secos, de acuerdo con información del Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua citada por organizaciones de productoras. En algunas comunidades se denunciaron pérdidas de entre el 80% y la totalidad de la cosecha.

El comienzo del ciclo había generado expectativas diferentes. Las primeras precipitaciones permitieron preparar los terrenos y realizar las siembras en mayo, y las plantas consiguieron emerger y comenzar su desarrollo. 

El problema apareció después, cuando las lluvias dejaron de acompañar las necesidades de los cultivos. Productores entrevistados en el Istmo de Tehuantepec explicaron que realizaron los gastos previstos en semillas y labores agrícolas, pero el maíz terminó secándose antes de completar su ciclo.

La posibilidad de recuperar esos lotes durante este año es reducida. Los agricultores consultados señalan que agosto todavía podía ofrecer alguna oportunidad para nuevas siembras, pero a mediados de septiembre el calendario productivo ya deja poco margen antes de la retirada habitual de las lluvias. 

Esto significa que muchas familias deberán esperar hasta el próximo ciclo para volver a intentar producir en esas parcelas.

El impacto económico resulta especialmente sensible porque una parte importante de la agricultura afectada depende de las precipitaciones y los productores señalados en el reporte no cuentan con seguros de siembra o cosecha. 

Sin una indemnización que compense el siniestro, el gasto realizado durante los primeros meses del ciclo queda directamente a cargo de cada familia.

El problema tampoco comenzó en septiembre. Datos del Monitor de Sequía mostraban que Oaxaca había pasado de solamente dos municipios con sequía al cierre de junio a nueve municipios con sequía moderada para mediados de julio, principalmente en el Istmo de Tehuantepec. 

El deterioro posterior amplió considerablemente la superficie y las comunidades expuestas al déficit hídrico.

La consecuencia va más allá de los ingresos agrícolas. En numerosas comunidades rurales de Oaxaca, el maíz de temporal forma parte del abastecimiento de las propias familias, por lo que una cosecha perdida obliga a reemplazar producción propia con alimentos comprados. Redes de mujeres campesinas de Oaxaca y Guerrero solicitaron que las áreas afectadas sean consideradas zonas de contingencia y advirtieron sobre el impacto que la situación puede tener en hogares con menores ingresos.

La Costa aparece entre las zonas más afectadas, junto con la Mixteca y otras áreas del estado. En distintas localidades se reportaron parcelas con pérdidas completas de maíz. A comienzos de septiembre también se conocieron experiencias de productores zapotecas del Istmo que recurrieron al riego de auxilio mediante pozos semiprofundos para evitar que sus cultivos se secaran, una alternativa que muestra hasta qué punto la disponibilidad de agua está definiendo quién puede sostener la producción.

La emergencia ocurre además en un estado donde numerosos pequeños productores forman parte de programas públicos de apoyo. A nivel nacional, Fertilizantes para el Bienestar había alcanzado en agosto a más de 2,03 millones de agricultores y 3,3 millones de hectáreas, con el maíz concentrando el 75,5% de la superficie atendida; Oaxaca se encuentra entre los estados incluidos en estas políticas. Sin embargo, la entrega de insumos no elimina el riesgo productivo cuando falla la principal fuente de agua de los cultivos de temporal.

Para miles de familias oaxaqueñas, el problema inmediato será atravesar los próximos meses después de haber perdido inversión y producción en una misma campaña. 

Con más de 400.000 hectáreas afectadas y pérdidas estimadas entre 4.500 y 8.000 pesos por hectárea, el daño no termina cuando se seca el cultivo: parte de los productores deberá esperar hasta el próximo ciclo agrícola para volver a sembrar y generar ingresos desde esas parcelas.

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