Mujeres y Política| ¿Darán el estirón para eclipsarnos?

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Oaxaca, 11 de abril, 2024.- No lo planearon así, pero de esa forma salió y bien para la salud mental de la población. El fracaso del debate domingo pasado fue tan rotundo que dejó más dudas que convencimientos para las y los electores no partidistas. Por fortuna para toda la ciudadanía después siguió el eclipse que ocupó nuestros menesteres y nos hizo olvidar por ese día nuestras preocupaciones por lo que tenemos enfrente y a la vuelta de la esquina.

Nada como la real competencia, esa que no hemos alcanzado hasta ahora. Ya se ha comentado en cientos de columnas a lo largo de la semana. El debate político entre las tres fuerzas que compiten exhibió a las y el participante de cuerpo entero. No lograron eclipsar a posibles votantes.

La candidata del oficialismo como se nombra a Claudia Sheinbaum Pardo sigue cargando sobre su espalda la tarea de sostener la 4T, por venir de ese lugar y cuyo saco sirvió de sparring, su estrategia fue aguantar, ser concreta y festinar los logros ajenos; Xóchitl Gálvez Ruiz, a su vez, pelea con sus propios demonios, se le vio incómoda, nerviosa, insegura. Acusó, pero no logró hacer daño. Y el representante de la “política nueva”, Jorge Álvarez Máynez, se vio muy verde, hizo el triste papel de comodín en la tercia.

La tarea de quien está a frente de una candidatura es convencer al electorado para que voten a su favor. Por mucho tiempo, el partido hegemónico, es decir, el PRI, no se preocupó de nada, no había por razones diversas, adversarios al frente o bastaba con aplastarlos de una u otra forma. Hoy rescoldos de ese priismo emigraron a Morena, otros envueltos en el camuflaje de puros y santos se fueron a los partidos aliados del partido gobernante.

En el recuerdo de esa historia tenemos la condición de desigualdad real que vivía México, sobre todo en tiempos en que el voto se concentraba entre los habitantes del campo, el verdadero voto verde. Hace unas cuatro décadas escuché por primera vez aquella historia que decía “si te cae mal el PRI, táchalo en la boleta”. Cierto o falso, algo había.

Y no es que el PRI fuera mejor, era el partido en el poder, todo el poder, uno que era casi absoluto, que repartía despensas, muebles, electrodomésticos, cargos públicos, fomentaba el cacicazgo político, cuando las cosas no funcionaban operaban toda clase de artimañas para ganar: el carrusel, ratón loco, la operación tamal, urnas embarazadas, el robo de urnas, la compra de votos, la uña negra y la catafixia y otras muchas, para ganar y ganar por décadas, tenía todo incluso sus “mapaches”. El vertical priismo se volvió una forma de vida: la palanca, el compadrazgo y un largo etcétera.

La hegemonía priista se quedó en el poder por mucho tiempo, 71 años con 13 presidentes entre 1929 con Pascual Ortiz Rubio hasta el 2000 cuando perdió “por primera vez” la presidencia al ganar el panista Vicente Fox Quezada y siguió Felipe Calderón. El PRI volvió un sexenio más con Enrique Peña Nieto en 2012 y siguió Andrés Manuel López Obrador quien se reivindica como el primer presidente mexicano de izquierda.

El poder-poder del priismo fue tal que en las entidades el fenómeno se repitió. Ernesto Ruffo Appel fue el primer gobernador surgido de la oposición, el PAN, hasta 1989; casi una década después, Cuauhtémoc Cárdenas el Partido de la Revolución Democrática ganó la elección en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México en 1998.

El escenario político ha cambiado. Tenemos un nuevo partido gobernante que rechaza el pasado, pero que tiende a ser hegemónico en todo el país. Así vemos cómo se ha revertido, la mitad del país está gobernado por Morena, cinco más el PAN, y el PRI solo dos, al igual que Movimiento Ciudadano y solo uno PES y PVEM.

El 1 de octubre, es decir en poco más de cinco meses, tendremos una presidenta. Antes, el 2 de junio, más de 100 millones de mexicanos y mexicanas podrán acudir a las urnas en la elección más grande y hasta hoy más violenta de la historia, votar o no votar depende del trabajo que hagan quienes aspiran al cargo político más importante del país.

El debate del pasado domingo fue una debacle. Hay quienes festinan que ganó tal o cual candidata, todo depende de quien lo diga o escriba. Hay quienes pensamos que ni la una ni la otra. Porque los partidarios de tal o cual partido, están ya seguros cada uno por su lado e ilusiones que ganará su candidata, pero el gran peso está sobre las y los no partidarios, en la ciudadanía sin partido.

Un dato, hasta agosto de 2023, el padrón de afiliados a uno de los siete partidos políticos nacionales (PAN-PRI-PRD-PT-PVEM-MC-Morena) del INE nos lleva a la conclusión de solo seis de cada 100 posibles votantes, personas con credencial, están afiliados a uno de esos partidos políticos. https://www.ine.mx/actores-politicos/partidos-politicos-nacionales/padron-afiliados/

Harían bien las candidatas si salieron de sus espacios de comodidad partidista para convencer a 94 de cada cien que siguen con la duda y no tienen compromisos en ningún partido político. En específico, buena parte de las electoras sabemos la importancia de este proceso que será histórico para todas. Doscientos años desde el primer llamado público a participar en política, setenta años después del derecho al voto universal y 10 años después de la paridad, habrá presidenta. Falta poco para el 2 de junio, la pregunta es si las candidatas darán el estirón para eclipsarnos.

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