Coincidir en la paz

Por: Bersahín López
La realidad que vivimos en México nos exige determinación. No se trata de colores partidistas, se trata de la seguridad de nuestras familias. No podemos permitir que el miedo, la violencia y la complicidad se conviertan en el lenguaje cotidiano de nuestro país. Necesitamos afrontar las realidades que estamos viviendo, reconocer lo que no está bien y, en unidad, impulsar el México que necesitamos, invirtiendo en educación, valores y oportunidades reales para nuestras juventudes y las familias mexicanas.
Ninguna sociedad puede vivir en conflicto permanente. La dinámica de evolución nos lleva a momentos de caos e inestabilidad, pero estos lapsos siempre tienen como consecuencia la estabilidad y la paz integral. Una sociedad que vive en paz es porque recorrió un largo camino para alcanzar la plenitud; México ha vivido etapas complejas, lo que supone que estamos ya en el momento de visualizar una tranquilidad duradera. Aquí es donde participamos la mayoría de las y los mexicanos, no sólo para construir ese escenario, sino fundamentalmente para disfrutarlo.
México tiene un amplio mosaico de tradiciones y una pluralidad de pensamiento que nos hace un país inmensamente rico. Dentro de esa variedad, hay aspectos que nos hacen coincidir: la paz y la armonía son ideales que tenemos en común. Somos un pueblo de trabajo y de respeto al pasado, lo que en los últimos años ha contrastado con las situaciones de confrontación que se viven en ciertas regiones y que de ninguna manera podemos normalizar. Transitar con seguridad, festejar nuestras tradiciones sin amenazas y ejercer la libertad de opinión son situaciones que deben prevalecer por derecho y por voluntad del pueblo.
La paz es un anhelo impostergable que va más allá de doctrinas o intereses particulares; es un compromiso mutuo de cuidarnos y erradicar prácticas que ofendan la dignidad humana. No se trata solo de los delitos de alto impacto, sino de aquellos que hemos normalizado en el actuar diario: el robo, los homicidios y los fraudes. Estas acciones tienen que ser erradicadas por la misma sociedad cuando los gobiernos han sido omisos o han fracasado. Reconocer que necesitamos de todas y todos es el primer paso para lograrlo.
Un gran pacto de seguridad y armonía no es solo entre instituciones públicas; debe ser un acuerdo entre millones de mexicanos que decidan cambiar el individualismo por una consciencia colectiva. Cultivar la empatía y el hábito de la ayuda mutua es el camino para lograr una sociedad en desarrollo para las futuras generaciones. El país enfrenta desafíos económicos y de gobernabilidad, pero el desafío de la paz los involucra a todos: sin ella, cualquier otro reto superado no podrá gozarse a plenitud.
México puede redefinir su camino si construye esta paz desde lo local, comunidad por comunidad, resolviendo con política pública eficaz que permita desarticular conflictos. El «México de abrazos» que puede funcionar es aquel que tenga brazos sólidos para lograr que impere el Estado de Derecho con un humanismo que brinde incentivos de superación. El éxito dependerá de cada persona y de cada valor anclado en lo más profundo de su ser.
Es hora de que una nueva generación irrumpa con idea, estrategia y claridad en el escenario nacional. No podemos esperar a que la paz llegue por decreto; debemos impulsarla nosotros y nosotras, con la fuerza de nuestra historia y la determinación de nuestro presente. México podrá vivir en paz cuando una generación entera valore esa paz, la trabaje y la proyecte desde la solidez de nuestros pueblos hasta lo más profundo de nuestra conciencia colectiva. Esto está determinado por nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestros actos. Podemos lograrlo… ¿Coincidimos?;




