OPINIÓN

2026: Un año de acciones y definiciones

Bersahín López

Iniciamos un año cargado de propósitos por realizar. El cambio de calendario siempre nos anima a dar lo mejor de nosotros para concretar esos anhelos que guardamos en lo personal, lo familiar y lo comunitario.

En lo individual, es importante que este año busquemos metas alcanzables para ser mejores personas: cuidar nuestra salud, practicar la empatía y defender nuestras ideas con respeto. En lo familiar, nuestra misión debe ser dar solidez a esa célula básica de la sociedad, fortalecer valores y usar la tecnología para conectar, no para deshumanizarnos.

En lo social, debemos tratar de fortalecer a la nación desde acciones comunitarias que den cimientos sólidos a un país que necesita fortaleza e identidad comunitaria. Por ello, es urgente impregnar en quienes dirigen los destinos de nuestra nación —formal e informalmente— esos valores ancestrales que son nuestra verdadera fortaleza en cada acción y toma de decisiones. El 2026 debe ser el año de la unidad, donde dejemos atrás la polarización que nos detiene para concentrarnos en lo que verdaderamente nos une: el bienestar de las familias.

Este es un año de oportunidades que emanan de las experiencias del pasado. Los errores cometidos como país deben transformarse hoy en oportunidades de desarrollo. Las carencias estructurales que nos heredaron las podemos convertir en renovados proyectos que traigan beneficios integrales para todas y todos. Es momento de ir hacia adelante aprendiendo del pasado para no repetir las mismas tragedias.

México enfrenta desafíos determinantes: la renegociación del T-MEC, nuestra relación con los países latinoamericanos y el reto logístico y de seguridad que representa el Mundial de Fútbol. Al mismo tiempo, el mundo observa la tensión entre las grandes potencias. Ante este panorama, la legitimidad de cualquier liderazgo debe medirse por el desarrollo integral de los pueblos, no solo por el beneficio de las cúpulas políticas o económicas.

Debemos entender que la política no se hace para los políticos, sino para cada familia que sale día a día a luchar por su futuro.

La naturaleza también nos pondrá a prueba. El 2026 será clave para demostrar qué tanto hemos madurado como humanidad para prevenir desastres y proteger la vida. Ahí es donde los países deben mostrar trabajo en equipo; cuidarnos entre nosotros es la mayor muestra de fortaleza.

Los retos en salud, migración y democracia estarán en la agenda mundial, nacional y local en este nuevo año. Existen elementos humanos y técnicos para avanzar en la solución de estos temas, pero debemos comenzar con la voluntad de querer hacerlo, y eso reside en cada individuo.

Es fundamental que los tomadores de decisiones asuman su papel con la seriedad que se requiere; recordemos que cada firma, cada obra y cada política pública impacta directamente en los hogares de nuestro país. Actuar con la más alta responsabilidad y empatía en favor de la colectividad es la definición del futuro que necesitamos construir juntos el futuro que queremos.

Ante este panorama de tensiones y desafíos surge una pregunta obligada: ¿cómo blindamos nuestro futuro? La respuesta no vendrá de fuera, sino de nuestra capacidad de organizarnos desde lo local. Si el mundo es incierto, nuestra tierra debe ser nuestra certeza. Por ello, debemos impulsarnos a consolidar lo que nos toca: un gran pacto generacional por Oaxaca.

El estado requiere de este gran pacto en 2026. Los retos que enfrentamos no pueden verse solo bajo una óptica política; son problemas estructurales que podemos cambiar con trabajo en equipo y decisión individual. Un pacto generacional que provoque la unidad de voces hoy dispersas, pero que claman lo mismo; la unión de personas que parecen ajenas, pero que luchan por un fin común. No se trata de uniformar el pensamiento, sino de fortalecer una lucha colectiva por un mejor futuro.

Esto no lo logra una sola persona; lo logra una generación consciente, y es a esa generación a la que debemos identificar para sumar esfuerzos.

Cada acción individual repercute en lo colectivo. El 2026 será terreno fértil para sembrar valores y cosechar acciones positivas. Restablezcamos el respeto como eje rector, erradiquemos la violencia de nuestro actuar y permitamos que nuevos esquemas sustituyan a las fórmulas desgastadas que no han dado resultados efectivos.

Con todas estas ideas, espero que este año podamos coincidir. Construyamos el camino hoy. Los retos del 2026 son superables si los enfrentamos con individuos sensibilizados y en colectividad.

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