OPINIÓN

Pluralidad e integración en México

Bersahín López

México es un país que se enriquece de la diversidad y pluralidad, con un sinfín de expresiones culturales, artísticas, ambientales y gastronómicas, además de infinitos gestos de humanidad y solidaridad que nos hermanan, y pese a las distintas formas de vida, pensamientos diversos, lenguas, costumbres variadas y entornos desafiantes, nos entrelaza una identidad única, sustentada en una sola forma de comprender el presente y el futuro: la integración.

El proceso histórico, del cual hemos sido testigos, fue forjando paso a paso una identidad que blindó al país de cualquier desencuentro político, social o económico que pudiera darse, así como adversidades momentáneas o permanentes, garantizando la unidad nacional.

Durante siglos, esta integración pudo visualizarse como un proceso étnico-cultural que enriqueció la narrativa histórica del país, sin embargo, también surgieron grandes deficiencias, donde los privilegios emanados de esos ciclos solo beneficiaban a sectores focalizados, propiciando una inequidad con raíces cada vez más fuertes.

Los agravios del pasado suelen tener mucho que ver con las injusticias del presente, por eso una gran cantidad de familias mexicanas no se han sentido integradas a la dinámica de desarrollo que la nación presume a nivel internacional. Existe un sentimiento colectivo de insatisfacción ante un modelo económico que privilegia a algunos, sobre la gran mayoría.

Hay quienes afirman que existen distintos méxicos: el de la pobreza, la opulencia, el de las grandes avenidas, el país de los caminos rurales intransitables, el México de los discursos integradores y la nación plural que no se reconoce todavía cuando se mira al espejo del presente.

La integración ha encontrado múltiples significados, integrar para algunos significa ser escuchados, para otros ser contemplados en la implementación de acciones, para algunos más, sentir mejoras en lo personal o dentro de su círculo social más cercano; una vida plural encuentra puntos de coincidencias que generan la percepción de integración. Correcto sería trabajar más en las formas de comunicar o de actuar, en el momento de plantear esquemas de integración social, la diferencia puede estar no solo en que se realice o no, el punto neural se encuentra en sí se percibe.

La realidad se construye de las oportunidades que existen en el territorio, en el ámbito educativo, económico, social y cultural, ya que para hablar de una sociedad equilibrada, justa y con altos índices de felicidad colectiva, forzosamente, se tiene que percibir en la satisfacción con la calidad de vida de la ciudadanía.

La sociedad en su conjunto espera mayor altura de miras de quienes pueden lograr una integración plena en el país. Lecciones de sectarismos que nos dirigen al caos hay muchas, aprendamos de ellas y en este momento de la historia respetemos la pluralidad e integremos visiones distintas para fortalecer al país, frente a los retos internos y externos que nos rodean.

Con una adecuada integración podremos minimizar riesgos de ruptura y potenciar posibilidades de mejoras sociales, donde todos se sientan incluidos, ya sea por su participación directa o porque con su consentimiento las validen y, en plural, ayuden a fortalecer la cohesión nacional.

Realmente, nuestra pluralidad se encuentra en las formas, porque en el fondo compartimos un sinfín de elementos que nos permitirían avanzar a un mejor ritmo en beneficio de la colectividad. Es la pluralidad la que nos ha permitido generar identidad y ha sido verdaderamente la fuente de integración nacional. Trátese del norte, centro o sur, en México, hoy la integración histórica y cultural está saldada, pero falta la incorporación a esquemas de desarrollo integral.

México debe convertir estos esquemas de desarrollo en una amplia posibilidad de satisfacción colectiva, aprovechar nuestra capacidad de entendernos en la pluralidad y trabajar para que el desarrollo integrador se perciba en cualquier familia, de cualquier etnia, municipio o localidad, que se desvanezca la idea de que existen varios méxicos y que trabajemos por unificar la idea de un solo país en desarrollo, con múltiples percepciones, pero todas y todos en una misma ruta, donde estén la mayoría y no solo unos cuantos.

En este mes de los festejos patrios, vale la pena recapacitar en cómo queremos visualizar nuestro futuro como nación. Que sean la unidad, el desarrollo integrador y la pluralidad de ideas, los cimientos de esta nueva historia que como generación vamos a escribir; vayamos enriqueciendo nuestra visión de país, ratifiquemos esta pluralidad que nos otorga un sinfín de oportunidades de desarrollo y logremos integrarnos, reconociendo que no queremos exactamente lo mismo, pero sí tenemos un solo objetivo: felicidad colectiva con desarrollo plural.

Integremos una nueva forma de comprender nuestra grandeza como nación, dialoguemos como hermanos, aceptemos nuestras diferencias respetando al prójimo sin sacrificar la unidad nacional, unidad que se ha cimentado en el respeto cultural a las distintas formas de entender a México. La diversidad intensifica la forma de vivir la vida en la nación, eso nos identifica y nos caracteriza. Tener múltiples variantes para responder a cada circunstancia externa y externa es gracias a lo plurales que somos, eso hay que aprovecharlo para integrarnos de manera conjunta a una nueva dinámica de desarrollo que no solo ve lo humano, sino también lo comunitario.

La integración y la pluralidad deben visualizarse en estos momentos como un mismo camino. Somos un país de muchas visiones y con un único sentimiento nacional. No hay que integrar sólo a algunos en nombre de todas y todos, debemos subir a la plataforma del desarrollo a la gran mayoría de mexicanas y mexicanos que tienen que aportar, que saben cómo trabajar, que demuestran amor a la patria en cada acción diaria. Cuando logremos eso, la pluralidad será el cimiento callado de la gran nación que se mostrará unida, cohesionada e integrada, para seguir construyendo la historia del México del siglo XXI.

Es lo que está en nuestras manos y lo podemos hacer. ¿Coincidimos?

*La opinión es responsabilidad del autor.

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