OPINIÓN

Oaxaca de Juárez, una ciudad sin ley y bajo el “amparo” de Raymundo Chagoya

By Remington | Opinión /  Disruptivo Mx 

La «Verde Antequera» ha dejado de ser el referente de la paz y la cultura para convertirse en un escenario de nota roja. 

Lo ocurrido hoy  en las calles de Trujano y JP García no es solo un asalto que terminó en tragedia; es el epitafio de una estrategia de seguridad inexistente y la prueba fehaciente de que al presidente municipal, Raymundo Chagoya Villanueva, la ciudad le quedó grande.

El asesinato de Rosy, una mujer trabajadora y madre de familia, a plena luz del día y en el corazón del Centro Histórico, es un golpe de realidad que desmorona cualquier discurso triunfalista de la administración morenista.

. ¿Dónde estaban los elementos de la Policía Municipal? ¿De qué sirven las cámaras de vigilancia si el centro neurálgico del comercio y el turismo es hoy territorio libre para el hampa?

Gobernar no es asistir a eventos protocolarios ni sonreír para la fotografía oficial en redes sociales. 

Gobernar es garantizar la vida y la integridad de quienes caminan por sus calles. 

La gestión de Raymundo Chagoya Villanueva está marcada por un vacío de poder en materia de seguridad pública que raya en la negligencia.

Es inadmisible que en una zona con supuesta vigilancia permanente, un delincuente pueda apuñalar tres veces a una empleada y huir con total impunidad. 

Mientras el edil se pierde en la burocracia o en la agenda política, a los oaxaqueños nos están matando en las esquinas.

Ray Chagoya llegó bajo la bandera de una transformación que, hasta ahora, solo ha transformado la tranquilidad de las familias en miedo constante. 

La prevención del delito en la ciudad de Oaxaca es un mito. No hay patrullajes efectivos, no hay inteligencia y, lo más grave, no hay voluntad política para enfrentar la crisis.

El edil parece olvidar que el cargo de Presidente Municipal conlleva la responsabilidad primaria de la seguridad ciudadana. 

Si Chagoya Villanueva no puede con el paquete, si su equipo de seguridad pública es incapaz de resguardar siquiera el cuadrante más vigilado de la ciudad, entonces la pregunta es obligada: ¿Para qué quiso el poder?

Hoy hay dos huérfanos y una familia destrozada en la Mixteca. 

Hay un gremio de comerciantes que vive con el corazón en un hilo. Y hay un presidente municipal que guarda un silencio sepulcral o que, en el mejor de los casos, lanzará un comunicado vacío prometiendo «resultados».

Oaxaca no necesita promesas; necesita que su autoridad municipal trabaje. 

La sangre de Rosy mancha el suelo del Centro Histórico, pero también salpica la gestión de un edil que, por omisión, se está convirtiendo en el principal cómplice del caos.

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