OPINIÓN

Empatía y valores comunitarios

Bersahín López

La historia de la humanidad está repleta de acciones y momentos extraordinarios, momentos que han permitido que la dinámica de vida modifique su enfoque y se fortalezca de una manera única. Revoluciones, cambios estructurales, guerras, desastres naturales y eventos inesperados son los que han permitido que se manifiesten en la sociedad sentimientos que desembocan en las acciones más elocuentes de valores humanos y comunitarios, mismos que a la vez, han representado las herramientas con las que los pueblos han sorteado las más difíciles circunstancias.

Las actitudes y formas de vida que se comenzaron a adoptar desde que el ser humano dejó de ser nómada para convertirse en sedentario, tuvieron mucho que ver con la compleja dinámica de convivir en comunidad. Entender a los demás para lograr convivencias en armonía ha sido un reto en el que seguimos trabajando todavía, porque la pluralidad nos lleva a entender, de muy distintas maneras, las circunstancias que enfrentamos a diario.

El reto de la armonía en la convivencia social está basado en los valores y la empatía que practicamos en el territorio en el que nos desenvolvemos. En los múltiples desastres que la humanidad ha enfrentado ya sea por la mano del hombre o por fenómenos naturales, la cooperación y solidaridad se han hecho presentes, valores comunitarios que han permitido superar innumerables tragedias.

Tifones, terremotos, atentados terroristas, guerras y un sinfín de circunstancias nos han dañado en colectividad, pero la empatía mostrada por millones de personas con ayuda material, solidaridad emocional y oraciones sinceras nos han servido de sostén y resistencia. La humanidad ha dado muestra del cúmulo de valores que existen y que pueden manifestarse de manera decidida en cualquier momento.

El respeto, la honradez, la cooperación, la justicia, el compromiso social y la reciprocidad son valores comunitarios que seguimos necesitando. Esto nos permite fortalecernos individualmente y tener una mejor vida en lo colectivo, ya que la sociedad en la que vivimos se determina por el tipo de personas que habitan en el territorio, llámese municipio, estado o país.

Es esencial trabajar con las nuevas generaciones esos valores comunitarios, para que nunca se pierda la sensibilidad humana, ahora que el materialismo ha ido ganando terreno. Es cierto que en ocasiones la frialdad de los medios de comunicación y las redes sociales pueden ser una amenaza para la sensibilidad del ser humano, pero también una extraordinaria oportunidad para lograr que estos valores lleguen a millones de personas en cuestión de segundos. Humanizar a las redes sociales es un reto para no soltar la empatía como el vehículo que permita la felicidad colectiva. Ayudarnos unos a otros, aún a miles de kilómetros de distancia, es una posibilidad que dará viabilidad a mejores condiciones de vida.

Los valores comunitarios están sembrados en lo más profundo de la identidad de una nación, sea cual sea su estatus económico, su situación geográfica o dinámica política y están sostenidos por la cultura, la historia y las tradiciones. ¿Cuántas ocasiones hemos visto imágenes de ciudadanos ayudando a miles de personas en distintos desastres naturales?

En México, esas imágenes han dado la vuelta al mundo y nos han dado la fuerza para enfrentar las circunstancias que provocaron esos desastres. Lo vimos en el terremoto de 1985, en los huracanes que han azotado las costas mexicanas y las situaciones que tienen alguna carga humana, como explosiones y atentados. Hoy nos enfrentamos nuevamente a los desastres provocados por inundaciones en estados del centro y sur de México, vemos gobiernos totalmente rebasados, pero a la empatía y solidaridad por encima de cualquier circunstancia ordinaria. Los valores comunitarios son los que, una vez más, están siendo el sostén para un pueblo, agobiado por un desastre natural de este calado.

Son estos valores comunitarios los que deben ser objeto de una gran campaña de conocimiento nacional, desde lo más sencillo, hasta lo más complejo, los valores comunitarios deben palparse en nuestro diario actuar. Cuando el dolor y la impotencia han provocado un sinfín de desgaste emocional en el ser humano, la práctica del respeto, la empatía y la cooperación, pueden ayudar a proporcionarnos fortaleza y entereza con el fin de seguir construyendo sociedades más equilibradas y con mayor calidad en el desarrollo humano.

Todo ello, también involucra a las esferas más distantes. Los valores comunitarios deben impregnar las acciones desde el servicio público y los entes de representación política y social, que constituyen una parte fundamental de la vida en sociedad. Se debe lograr que quienes llegan a dirigir o representar a una comunidad apliquen estos mismos valores en su actuar público, lo que reitera la necesidad de sembrar valores comunitarios desde la niñez y juventud, como los cimientos de la formación humana.

Si en lo extraordinario los valores comunitarios se manifiestan, que en lo ordinario de la vida diaria sean estos valores un común denominador de nuestra convivencia. Requerimos de una sociedad unida y servidores empáticos para resolver los grandes problemas colectivos.

Mientras más repliquemos el respeto, la empatía y la cooperación, más extensa será la posibilidad de normalizar las buenas acciones derivadas de los valores humanos, para combatir la desigualdad y corrupción.

México necesita de la mayor muestra de humanismo en cada rincón del país, entre la ciudadanía, entre las y los servidores públicos, para salir adelante con valores y calidad de vida. Que sentir el dolor ajeno como propio, los abrazos desinteresados, y los valores comunitarios no solo sean de momentos extraordinarios, sino que podamos convertirlos en la cotidianidad. Cuando lo procuremos, estaremos construyendo sociedades más justas y gobiernos más eficientes.

¿Coincidimos?

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