El insultante futurismo electoral en Oaxaca

- Un estado sumido entre el luto, el miedo y la eterna búsqueda del voto
Remington | Opinión
Pareciera que Oaxaca no tiene respiro electoral.
Mientras la entidad se desangra entre la violencia desatada por células del CJNG en el Istmo de Tehuantepec y el luto por la tragedia en el albergue «Casa Pato», la clase política parece habitar una realidad paralela.
Una realidad en donde el dolor ajeno es solo el ruido de fondo de sus campañas anticipadas.
Es momento de hablar con claridad: a los oaxaqueños no nos interesa quién quiere ser gobernador de dos o seis años; nos urge saber quién puede dar resultados hoy.
Sin embargo, en medio de este escenario de crisis, el «futurismo electoral» ha comenzado a mostrar su rostro más oportunista en figuras como Armando Contreras, director del IEEA, Adelfo Regino Montes, titular del INPI, Saymi Pineda, titular de Turismo en el estado, Vilma Martínez en Bienestar estatal y Jesús Romero desde la Sego.

La desconexión del poder
Es innegable que varios funcionarios tienen la mirada puesta en la sucesión de Salomón Jara y como dijo el mismo mandatario ya alistaron huaraches y hasta rentaron camionetas “Machuchonas” para darle al recorrido previo al 2027.
Pero, ¿con qué calidad moral buscan simpatías cuando el estado que pretenden gobernar arde y llora?.
Armando Contreras (IEEA): El director del Instituto Estatal de Educación para Adultos parece más ocupado en la construcción de una estructura clientelar que en abatir el rezago educativo.
Mientras el Istmo se convierte en un campo de guerra por las incursiones del crimen organizado, la narrativa de sus huestes se centra en la «presencia territorial».
Adelfo Regino Montes (INPI): El eterno funcionario federal, que ha hecho de la causa indígena su plataforma personal, sigue jugando al ajedrez político desde la comodidad del presupuesto federal, mientras las comunidades que dice representar quedan atrapadas en el fuego cruzado de la delincuencia.
En este contexto, que los y las aspirantes sigan midiendo fuerzas en encuestas o eventos de lucimiento personal es, sencillamente, una bofetada a la dignidad de las familias oaxaqueñas.

Resultados, no promesas
El mensaje de la ciudadanía para las “aspirinas” o cualquier otro u otra «adelantada» es contundente: Oaxaca no quiere candidatos, quiere funcionarios de resultados.
El Istmo no necesita fotos de «recorridos de supervisión»; necesita una estrategia de seguridad que detenga el avance de los cárteles.
Los albergues del estado no necesitan visitas de cortesía; necesitan protocolos estrictos y recursos ejecutados con transparencia para que ningún otro niño muera bajo el resguardo del Estado.

El futurismo de los actores políticos revela una profunda falta de empatía.
Si su ambición es más grande que su capacidad de resolver las crisis actuales desde sus encargos presentes, entonces no son aptos para lo que viene.
En Oaxaca, el reloj político- electoral debería detenerse por respeto al luto y por responsabilidad ante la violencia.
Quien aspire a gobernar Oaxaca el día de mañana, debe demostrar que puede solucionar los problemas de hoy, lo demás es puro y simple oportunismo sobre las tumbas, el miedo y la necesidad de los oaxaqueños.




